

El continente está dedicado a la investigación y la cooperación, pero los recortes de financiación propuestos por la administración Trump y las acciones de otras potencias mundiales pueden alterar el medio ambiente
Milán está a unas 10.000 millas, en línea recta, de la Estación McMurdo, el principal puesto de avanzada de Estados Unidos en la Antártida. Pero desde finales de junio hasta principios de julio, representantes de 58 países se reunieron en la capital italiana de la moda para debatir sobre el presente y el futuro del remoto continente.
Preguntas difíciles se cernían sobre la reunión: ¿Seguirá siendo el continente más austral un espacio para la ciencia y la paz? ¿O se convertirá en otro objeto de competencia territorial entre grandes potencias?
La Antártida se rige por el Tratado Antártico, vigente desde 1961, que estipula que es un refugio para la paz y la ciencia, con la prohibición de la actividad militar y la protección del medio ambiente. El documento promueve la colaboración internacional y deja de lado las reivindicaciones territoriales de siete países, que han acordado no actuar en relación con su supuesta propiedad.
Desde la firma del tratado, el conflicto se ha mantenido más al norte. «Se conocía como excepcionalismo antártico», afirmó Jeffrey McGee, profesor de derecho y experto en el Tratado Antártico de la Universidad de Tasmania.
Sin embargo, recientemente, ese precedente ha comenzado a verse afectado. El mundo, dijo el Dr. McGee, es turbulento, y sus principales actores —Estados Unidos, Rusia, China— también lo son cerca del Polo Sur. «Seríamos un poco ingenuos si pensáramos que esto no afectará al sistema del Tratado Antártico ni a la región antártica», añadió, refiriéndose a la dinámica que configura al resto del mundo que llega a la Antártida.
China y Rusia están trabajando en la expansión de sus propias instalaciones científicas en la Antártida y algunos expertos sospechan que la infraestructura de ambos países podría tener usos no pacíficos. Un comité de la Cámara de los Comunes británica ha cuestionado el propósito de los estudios sísmicos rusos, sugiriendo que representaban una posible prospección petrolera, más que una exploración científica. (Los representantes de China y Rusia en el tratado no respondieron a las solicitudes de comentarios enviadas por correo electrónico).
Con el regreso del presidente Trump a la Casa Blanca, la estrategia de Estados Unidos hacia la Antártida podría cambiar. La Fundación Nacional de Ciencias (NSF), la principal agencia que financia y supervisa las actividades tanto en la Antártida como en el Ártico, propone recortes drásticos en la investigación científica polar para 2026. Alrededor del 70 % del presupuesto actual para ambos polos podría desaparecer.











