Cada otoño, los membrillos amarillos y aromáticos llegan a Chihuahua para convertirse en ates, cajetas, mermeladas, licores y otras preparaciones tradicionales 

Cuando llega el otoño, los huertos de algunas regiones de Chihuahua comienzan a llenarse de frutos amarillos y aromáticos que, aunque no suelen comerse directamente del árbol, son protagonistas de una antigua tradición gastronómica. Se trata del membrillo, una fruta que encontró en el estado dos de sus principales territorios productores: Allende y Aldama.

Durante buena parte de la temporada, el membrillo puede encontrarse en mercados y huertos, pero su importancia va mucho más allá de comerlo fresco. En estos municipios, el fruto se ha convertido durante generaciones en materia prima para elaborar cajetas, ates, mermeladas, conservas, jaleas, dulces y licores.

Allende concentra la mayor producción

De acuerdo con datos históricos de producción agrícola, Allende ha sido el principal productor de membrillo de Chihuahua, seguido por Aldama. Una investigación publicada en la Revista Mexicana de Agronegocios, con datos de 2010, registró 1,317.6 toneladas para Allende y 160 toneladas para Aldama, una proporción aproximada de 90 y 10 por ciento, respectivamente.

La tradición no es nueva. En el Valle de Allende existen huertos dedicados a este cultivo desde hace décadas y distintas familias han desarrollado productos derivados del fruto. Incluso se han documentado microempresas familiares dedicadas a elaborar artesanalmente ate, crema y jalea de membrillo.

Sin embargo, esta actividad enfrenta dificultades. Investigaciones realizadas en la región han advertido que el cultivo ha perdido terreno frente a otros productos agrícolas, particularmente el nogal, debido a factores como los precios y la rentabilidad.

Aldama también conserva la tradición
El otro municipio emblemático es Aldama, donde el membrillo forma parte de la identidad agrícola y gastronómica local. Un documento del Gobierno de Chihuahua incluso señala la producción de cajeta de membrillo como parte de la tradición gastronómica del municipio.

La importancia cultural de la fruta también quedó plasmada en el propio escudo de Aldama, donde aparecen representados membrillos como símbolo de la producción frutícola y de los ates de la región.

Aunque las cifras históricas colocan a Allende muy por encima de Aldama, ambos municipios comparten una característica: la fruta no solamente se cosecha, sino que se transforma de manera artesanal, dando origen a productos que pueden conservarse durante mucho más tiempo que el fruto fresco.

Del membrillo salen ates, cajetas y mermeladas
Entre los productos más tradicionales se encuentran la cajeta y el ate de membrillo, preparados a partir de la pulpa cocida y azúcar. La fruta también puede convertirse en mermelada, jalea, conserva y diferentes tipos de dulces.

En Allende se ha documentado incluso la existencia de pequeños negocios familiares dedicados a transformar la cosecha en productos artesanales. La actividad representa una forma de agregar valor a una fruta que, de otra manera, tiene un mercado mucho más limitado en fresco.

La transformación del membrillo tampoco es exclusiva de Chihuahua. La Secretaría de Agricultura reconoce entre sus principales usos en México la elaboración de conservas, mermeladas, jaleas, dulces, gelatinas y licores de mesa.