

El aeropuerto, de casi 100 años de antigüedad, ha sido objeto de una veloz remodelación con valor de 500 millones de dólares. Los expertos dicen que no es suficiente
El olor a pintura flotaba en el aire del Aeropuerto Internacional Benito Juárez. Los martillos neumáticos zumbaban. Los pasillos estaban bloqueados con maquinaria pesada y cinta de precaución.
Los funcionarios trabajaban sin descanso para terminar las mejoras —valoradas en 500 millones de dólares— en el aeropuerto más importante del país antes de que comience la Copa del Mundo esta semana en la Ciudad de México. El reto: el aeropuerto, de casi 100 años, que desde hace tiempo dejó de ser del tamaño necesario, tiene goteras y es anticuado, debía permanecer abierto durante la remodelación.
Se esperan más de cinco millones de visitantes en México durante el torneo de seis semanas, que es organizado conjuntamente con Estados Unidos y Canadá. Las autoridades aeroportuarias dijeron que esperaban que entre tres y cuatro millones de pasajeros pasaran por el Benito Juárez, y recientemente insistieron en que el trabajo estaría terminado a tiempo.
“Sí se va a alcanzar al 100 por ciento”, dijo el almirante Juan Manuel Muñoz Gómez, de la Armada de México, quien ayudó a supervisar la remodelación del aeropuerto ordenada por la presidenta Claudia Sheinbaum hace un año. “Estamos preparados para esa cifra”.
Pero la Copa Mundial ha puesto la infraestructura aeroportuaria de la Ciudad de México bajo un escrutinio incómodo.









