

Estados Unidos y Cuba pueden pasar página e iniciar negociaciones reales si estas se basan en el respeto mutuo
Alejandro, un bebé prematuro nacido en la maternidad Eusebio Hernández Pérez de La Habana, pesaba apenas un kilo cuando lo conocimos en abril. Lo observamos mientras yacía en una incubadora, una de las pocas en el edificio cuyos delicados componentes electrónicos no habían sufrido daños por las sobretensiones eléctricas que siguen a los apagones a nivel nacional. Las amplias sanciones estadounidenses hacen que importar repuestos para las demás incubadoras averiadas sea prácticamente imposible.
Durante nuestra visita al hospital, vimos a mujeres en los últimos días de sus embarazos subiendo penosamente tramos de escaleras, ya que los ascensores no funcionaban por falta de electricidad. El personal del hospital tiene dificultades para llegar al trabajo sin combustible para sus vehículos. Durante los apagones, los médicos a veces tienen que bombear manualmente los respiradores para mantener vivos a los bebés. Afirman que el hospital ha logrado evitar un aumento en la mortalidad infantil en los últimos meses, pero otros centros del país no han tenido tanta suerte. Entre 2018 y 2025, a medida que las sanciones estadounidenses se volvieron más punitivas, la tasa de mortalidad infantil de Cuba, que antes era impresionante, se disparó un 148 por ciento .
Como miembros del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes, pasamos cinco días en Cuba en abril para comprender mejor las repercusiones humanitarias del bloqueo energético estadounidense a la isla, que se prolongó durante meses. Nos quedamos consternados por los efectos inhumanos de esta política, cuyo objetivo parece ser estrangular la economía hasta arruinar al pueblo cubano y dejar el país a disposición, como dijo el presidente Trump, para que cualquiera lo » conquiste «.










