
El gobierno español provocó la ira de Trump después de que el primer ministro anunció que no permitiría a EU utilizar bases militares conjuntas en la guerra contra Irán
Siempre me han dado asco las banderas. Nunca he cantado un himno nacional. Hablo catalán, una de las lenguas minoritarias de España. Y en el próximo Mundial animaré a Holanda, no a España, porque me encanta su hermosa historia de derrotas. Nadie me acusaría de ser patriota.
Sin embargo, esta semana, cuando escuché al presidente Trump decir que España es un aliado terrible y que no tiene nada que Estados Unidos necesite, cuando vi que el líder del llamado mundo libre amenazaba con cortar todo comercio con España, sentí un orgullo inusual de ser español. Hay algo épico en sufrir la furia de un tirano, especialmente cuando esa furia surge de la negativa a ser su vasallo.
El gobierno español provocó la ira del Sr. Trump después de que nuestro primer ministro, Pedro Sánchez, anunciara que no permitiría a Estados Unidos utilizar bases militares conjuntas en la guerra contra Irán. Esas bases han sido de uso exclusivo de Estados Unidos desde 1953, cuando España estaba aislada del mundo bajo la dictadura del general Francisco Franco. En esa época se selló un vergonzoso pacto entre nuestros países: España accedió a permitir a Estados Unidos utilizar bases militares en su territorio a cambio de dinero y lo que en esencia era un reconocimiento diplomático de un régimen sangriento y represivo.
Consideren lo que eso significó para los españoles que vivieron bajo el régimen franquista: Estados Unidos ayudó a liberar parte de Europa de las cadenas del fascismo en 1945, pero la liberación terminó en los Pirineos. Tan solo ocho años después del fin de la Segunda Guerra Mundial en Europa, el país que defendía el sufragio universal, la libertad y los derechos abrazó al dictador fascista español (al fin y al cabo, era anticomunista). El presidente Dwight Eisenhower encubrió así la dictadura franquista y España aceptó ser un peón estadounidense. Algunos no hemos olvidado ese fracaso moral de la Guerra Fría.








