
En muchos sentidos, el asesinato de ‘El Mencho’ fue una clara victoria para la presidenta Claudia Sheinbaum
La madrugada del domingo, miembros de un cártel de la droga en el estado occidental mexicano de Jalisco comenzaron a secuestrar camiones, colocándolos horizontalmente sobre las carreteras y prendiéndoles fuego. Los ataques se extendieron rápidamente por todo el país, y los matones también robaron autos y autobuses para sus narcobloqueos en carreteras desde la frontera con Texas hasta las playas caribeñas.
Los pandilleros incendiaron farmacias, supermercados y bancos. Hombres armados emboscaron a las fuerzas de seguridad y dejaron sus cuerpos acribillados en las calles. Los residentes se refugiaron en sus casas, las embajadas emitieron advertencias y las aerolíneas cancelaron vuelos. En un aeropuerto de Guadalajara, la gente corrió a refugiarse ante una falsa alarma de que estaba siendo asaltado por hombres armados.
Detrás de esta ola de terror se encontraba el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), una extensa organización criminal que trafica cocaína, metanfetamina y fentanilo, además de dirigir otros negocios ilícitos, como el robo de petróleo y la extorsión. Tras el asesinato el domingo del líder del cártel, Nemesio Oseguera, por parte de las fuerzas de seguridad mexicanas, sus operativos desataron narcobloqueos en 20 de los 32 estados de México . Sus sicarios lograron cerrar grandes áreas del país, mataron al menos a 25 miembros de la Guardia Nacional y demostraron al mundo que los cárteles mexicanos no solo representan un problema de seguridad pública, sino una amenaza debilitante para la seguridad nacional.










