
El líder venezolano apostó a que el presidente estadounidense no se atrevería a atacar. La llamada entre ambos, los ultimátums ignorados y una cadena de errores de cálculo desembocaron en una ofensiva que selló su destino
Una flota de buques de guerra y aviones de combate estadounidenses se desplegaba de manera amenazante frente a las aguas de Venezuela, mientras el Pentágono ya había ideado planes para capturar o matar al líder del país.
Pero al terminar el año 2025, el presidente Nicolás Maduro parecía sorprendentemente relajado, celebrando la Nochevieja con un pequeño grupo de familiares y amigos en su casa de Caracas, la capital, según varias personas cercanas a él, entre ellas un invitado a la fiesta.
Compartieron platos tradicionales venezolanos como hallacas y pan de jamón. Escucharon gaitas y las animadas canciones navideñas venezolanas.
Al día siguiente, como de costumbre, Maduro envió saludos a sus altos funcionarios. “Feliz Año Nuevo para usted y su familia”, rezaba un mensaje visto por The New York Times.
Estados Unidos amenazó con atacar Venezuela si Maduro no dimitía. Aun así, personas cercanas a él dijeron que, en repetidas ocasiones, afirmó que el gobierno de Donald Trump no se atrevería a atacar Caracas.








