
La reducción en la capacidad de carga de los agostaderos compromete la rentabilidad y sostenibilidad del sector
El 80% de los terrenos destinados a la producción ganadera en el sur del estado se encuentran sobrepastoreados, lo que ha provocado una disminución considerable en la capacidad de carga de los agostaderos y pone en riesgo la sustentabilidad del sector, informó el gerente de la Asociación Ganadera Local de Parral, Fidencio Loya.
El representante del organismo explicó que el sobrepastoreo es un problema estructural que se ha agudizado con el paso de los años, principalmente por factores económicos y culturales dentro de la actividad. “Yo siempre he pensado que el verdadero capital de nosotros los ganaderos no son las vacas, sino que es el pasto”, afirmó, al señalar que el hato es únicamente la herramienta mediante la cual se transforma el forraje en carne.
Detalló que la afectación al pastizal nativo ha reducido drásticamente la capacidad productiva de los predios. Señaló que hace tres o cuatro décadas un terreno podía sostener hasta 150 vacas, mientras que en la actualidad apenas alcanza para mantener 90 animales, lo que evidencia el deterioro progresivo de la cobertura vegetal.
Loya reconoció que no todos los productores han realizado los ajustes necesarios en la carga animal conforme cambian las condiciones del terreno. Explicó que la ganadería suele asumirse como una actividad de arraigo y pasión, lo que dificulta tomar decisiones como la venta de animales cuando el agostadero ya no soporta el mismo número de cabezas.
Indicó que mantener más ganado del que el terreno puede soportar obliga a los productores a comprar pastura adicional, lo que incrementa los costos de operación y al mismo tiempo agrava el daño al suelo y al ecosistema. “La pastura más barata que podemos nosotros tener es la que nos da el mismo agostadero. Y es la que hay que cuidar”, enfatizó.
El gerente explicó que la medida técnica recomendada es el llamado ajuste de carga animal, que consiste en evaluar la cantidad de forraje disponible y, con base en ello, determinar el número exacto de vacas que puede mantenerse sin afectar la regeneración del pastizal. Sin embargo, reconoció que en la práctica no todos los productores aplican este criterio de manera constante.








