
La imposición de la ceniza en el inicio de la Cuaresma representa para los católicos un llamado a la conversión y al arrepentimiento, más allá de considerarse un acto de protección o una práctica con efectos “mágicos”, explicó el párroco Luis Armando Carrasco, de la parroquia Santa Rosalía de Camargo.
El sacerdote señaló que cada año, durante el Miércoles de Ceniza, los templos registran una importante asistencia de fieles que acuden a recibir este signo religioso. Sin embargo, subrayó que el verdadero sentido de la celebración es recordar la fragilidad humana y la necesidad de un cambio interior.
Indicó que la ceniza simboliza la condición del ser humano y su llamado a la conversión, al recordar la frase bíblica: “somos polvo y al polvo volveremos”, lo que invita a los creyentes a reflexionar sobre su vida y su relación con Dios.
“El signo de la ceniza no debe verse como algo mágico para que Dios nos cuide o proteja, sino como un signo de arrepentimiento y de conversión”, expresó el párroco, al destacar que la Iglesia busca que los fieles comprendan el sentido espiritual de esta práctica.
Asimismo, explicó que la Cuaresma es un tiempo de preparación que invita a los creyentes a fortalecer su fe mediante la oración, el ayuno y la limosna, prácticas orientadas a la reflexión personal, el sacrificio y la caridad hacia los demás.
Detalló que el ayuno no solo consiste en la privación de alimentos, sino también en abstenerse de conductas negativas como las malas palabras o los malos tratos, promoviendo en su lugar actitudes de respeto, solidaridad y palabras que generen vida y esperanza.
En cuanto a la abstinencia de carne, señaló que esta práctica tiene un sentido penitencial que recuerda la muerte de Jesucristo, por lo que se realiza los viernes de Cuaresma. Precisó que en México esta disposición aplica únicamente durante este periodo litúrgico, aunque en la Iglesia universal se contempla todos los viernes del año.
Finalmente, el sacerdote invitó a la comunidad a vivir este tiempo con fe y compromiso, entendiendo la Cuaresma como una oportunidad para renovar la vida espiritual, corregir conductas y acercarse a Dios mediante una transformación auténtica.










