
Camargo, Chih.– Hace apenas un año, el campo de don Pedro Muñoz estaba lleno de vida. Entre flores de más de un metro de altura, los tonos naranjas y amarillos del cempasúchil pintaban el paisaje, y su dueño, optimista, hablaba con orgullo de la cosecha que cada temporada de Día de Muertos iluminaba los altares camarguenses.
Pero este 2025, el panorama cambió por completo. En el mismo terreno donde antes brotaban cientos de plantas, hoy solo queda la tierra seca y unas cuantas matas resistiendo al sol. Don Pedro, floricultor de 78 años, decidió no sembrar la tradicional flor este año. La razón es simple y dura: no hay agua.
“Antes uno sembraba y se veía bonito el campo, ahora no se puede… falta agua”, lamenta mientras observa el predio vacío, donde ahora apenas crecen acelgas y algunas verduras. “No vale la pena meterse en pleitos por el agua”, comenta resignado, recordando los buenos tiempos en que el cempasúchil era parte inseparable de su vida y del paisaje de Camargo.
La ausencia de flor en los campos locales podría repercutir también en los precios y la disponibilidad en los mercados, donde tradicionalmente las familias adquieren esta flor símbolo del Día de Muertos.
Así, entre la nostalgia y la sequía, el color que alguna vez cubrió estas tierras parece haberse apagado, dejando solo el recuerdo de aquellos días en que el cempasúchil marcaba el inicio de la temporada más viva del año.










