
La tarde del 1 de octubre, Camargo —esa tierra tranquila y de buen diente— dejó de oler a tortillas de harina para perfumarse con humo de cabrito. Pero no fue cualquier carne asada: fue la mesa donde se sentaron jueces, magistrados y operadores políticos del PRI como si la justicia cupiera en un plato hondo.
El convocante no fue cualquiera: Gerardo Acosta quien es Magistrado de la cuarta sala penal, el verdadero mandamás del Poder Judicial, quien se ha ganado fama de gritón en oficinas y señalado de armar negocios con jueces de consigna. Sí, el mismo que en pleno despacho reventó a gritos a la presidenta del TSJ, Marcela Herrera, porque no se alineaba a mover a sus compinches. Pues ahora, en Camargo, no gritó… pero dejó claro quién manda.
El escenario fue el rancho de Jesús “Chuchi” Sáenz —exalcalde priista de Camargo, operador político y viejo conocido de las malversaciones y hechos de corrupción—, en la salida rumbo a Ojinaga. Ahí, entre pasto seco y a puerta cerrada con un amplio dispositivo de seguridad , se armó la “convivencia institucional”… o mejor dicho, el pase de lista político-judicial.
Uno a uno llegaron los invitados VIP: magistradas como la morenista Perla Ruiz, Niria Trevizo, Karina Castañeda, Hortencia García, Cristina Campos y Yamil Athie; junto a ellos, algunos priistas de renombre del sur del Estado: el regidor Ceniceros del PRI, la síndica Maru Becerra, la alcaldesa de San Francisco de Conchos, Normita Pavía, y el alcalde de La Cruz, Sergio Olvera, con su comitiva completa, así como el dirigente del PRI. Política, Poder judicial y PRI, todo en la misma mesa, como si fuera maridaje de cerveza fría.
¿Y el motivo? El propio Acosta lo soltó: “Agradecer el apoyo político recibido” en las elecciones del Poder Judicial. Traducido al español llano: gracias PRI, ya les debo otra.
Una comida que fue más carne asada VIP que convivencia, con discursos que olieron más a alineación que a cortesía.
Lo que no podía faltar: varios asistentes llegaron en camionetas oficiales, con choferes pagados con dinero público y en pleno horario laboral. El pueblo trabajando, ellos festejando, lo cuál merece una investigación penal por desvío de recursos para todos estos funcionarios.
Hermetismo total, cero acceso a medios, pero con todo el colmillo político a la vista.
La sobremesa dejó más preguntas que eructos: ¿ya se reparten las cartas para futuros nombramientos en los juzgados? ¿Se cocinaron acuerdos para “acomodar” resoluciones? Porque si algo quedó clarísimo es que la justicia en Chihuahua también sabe prender el carbón.
Al final, el cabrito estuvo jugoso, los discursos condimentados y más de un juez saldrá charoleando con la foto y la cercanía. Porque en Camargo se confirmó lo que muchos sospechan: la justicia se sirve… pero no siempre a todos, y mucho menos en la misma porción.







