
Por qué no debemos “normalizar” ciertos signos en la infancia y cómo la ciencia abre la puerta a la cura
En medio de una jornada médica organizada en Camargo, Chihuahua, el Dr. Julio César Ramírez Reyes, neuropediatra y especialista en epileptología originario de la Ciudad de México, recuerda una verdad incómoda: “Que el papá o la mamá hayan tardado en hablar no es normal; significa que hubo un problema”.
Para el doctor, detectar a tiempo un trastorno del neurodesarrollo es clave. No importa si la alerta viene de un padre, un maestro o un médico general: cualquier señal de retraso en el habla, problemas motores o dificultades de aprendizaje debe llevar a una valoración especializada.
La epilepsia, su otra área de especialidad, es más frecuente de lo que se piensa. Se manifiesta en crisis epilépticas y, aunque en muchos casos puede controlarse con medicamentos, tres de cada diez pacientes no responden al tratamiento. Para ellos, la cirugía de epilepsia un procedimiento de alta complejidad que requiere un equipo multidisciplinario puede marcar la diferencia entre una vida limitada y la posibilidad real de curarse.
“La cirugía de epilepsia es lo único que hasta hoy ha cambiado la evolución de la enfermedad”, asegura. “No sólo puede curar, sino que mejora la calidad de vida y reduce el riesgo de mortalidad”.
La pandemia, añade, enseñó que la distancia no debe ser un obstáculo: hoy atiende a muchos pacientes por telemedicina, apoyado por médicos, terapeutas y psicólogos de distintas regiones.
Su mensaje es claro: aprovechar cada oportunidad de acceder a un diagnóstico y tratamiento especializado puede cambiar por completo la historia de un niño y su familia.









