
Una agencia que prometía modernidad, garantía y respaldo chino. Hoy, apenas dos meses después de haber confiado sus ahorros a la marca Chirey, uno de sus clientes, lo único que tiene claro es que la agencia ya no está donde estaba… y que el servicio postventa se lo hacen en un taller que, hasta donde este cliente recuerda, se especializaba en frenos y cambios de aceite.
Y es que la agencia Chirey ubicada en la avenida Paseo Triunfo de la República en Ciudad Juárez cerró sin aviso, sin cartel, sin conferencia ni comunicado oficial. Se esfumó como un mal vendedor después de firmar el contrato. Y no fue sino hasta semanas después que los clientes comenzaron a recibir correos electrónicos informando que —temporalmente— el mantenimiento se brindaría en un taller con otro giro, lejos del concepto de «agencia autorizada».
El caso no es menor, porque la historia no es única. Ya hay decenas de usuarios que se han acercado a medios y redes sociales a contar lo mismo: vehículos nuevos que ya presentan fallas, mantenimientos sospechosos sin supervisión, y una marca que, como los magos mediocres, se hace humo apenas termina el truco.
La Asociación Mexicana de Distribuidores de Automóviles (AMDA), en voz de su presidente Antonio Moisés Morales, reconoció que lo que está haciendo Chirey “no es lo correcto”. Y aunque se apresuró a matizar que la marca «no se va del estado», sino que se está reubicando —porque ahora todo lo incómodo se llama «reestructura»—, la realidad es que, hoy por hoy, ni en Chihuahua capital ni en Ciudad Juárez hay agencia operando con cara visible o servicio integral como el que prometieron.
Los clientes de Chirey en Juárez se sienten burlados. La señora Mirna M. lo resume así: “Me llamaban diez veces al día para cerrar la compra. Desde que cerraron, no me marcaron ni una vez. Todo por correo y a lo mucho un WhatsApp donde me dijeron que a lo mejor regresan el año que entra.”
¿Así o más claro?
El caso prende focos rojos por muchas razones, pero una de las principales es la impunidad comercial con la que operan algunas marcas en México. Porque Chirey no llegó sola. Forma parte del Grupo Cleber, conglomerado que también tiene las agencias Honda, Nissan, Toyota, Jeep, Renault, Acura y más. No estamos hablando de una pequeña distribuidora emergente. Hablamos de una de las caras del emporio automotriz en el estado.
Y eso hace la pregunta aún más delicada: ¿Cómo es que un grupo con tanta presencia deja tirada a una marca, sin siquiera ofrecer alternativas reales o compensaciones dignas a sus clientes? ¿Quién supervisa estos casos? ¿Y qué garantías reales tienen hoy los compradores de un vehículo de medio millón de pesos?
Porque aquí no hablamos solo de la molestia de llevar el carro a un taller con otro nombre. Hablamos de garantías, de cumplimiento de contratos, de calidad en las refacciones, de respaldo legal. De derechos básicos del consumidor.
Mientras tanto, Chirey México manda comunicados llenos de palabras bonitas: “co-living automotriz”, “alineados con los más altos estándares”, “estrategia integral de fortalecimiento de red”… palabras que suenan bien en un PowerPoint corporativo, pero que no hacen que un filtro de aceite se cambie o que una transmisión defectuosa deje de fallar.
En los hechos, hoy en Chihuahua no hay agencia operando, no hay supervisión sobre el servicio postventa y no hay quién le responda de frente a los usuarios. Y lo más grave: parece que a nadie le importa demasiado. Ni a Profeco, ni a los grupos empresariales, ni a las marcas madre.
A lo mejor el año que entra regresan… pero ¿quién va a regresarles la confianza a los usuarios?







