

En días despejados, hombres y mujeres con niños en brazos y determinación en los ojos pueden ver la costa de lo que creen será una tierra prometida
PLAYA DE ECAULT— Al otro lado del Canal de la Mancha, los acantilados blancos de Reino Unido llaman. En días despejados, hombres y mujeres con niños en brazos y determinación en los ojos pueden ver la costa de lo que creen será una tierra prometida mientras intentan el peligroso cruce de forma clandestina, desechando pertenencias para apretujarse en frágiles botes inflables que parten desde el norte de Francia.
En un instante, en un reciente intento de cruce, la policía francesa irrumpió con cuchillos, adentrándose en el agua y cortando el delgado caucho del bote, desinflando las esperanzas y sueños de los migrantes.
Algunos de los hombres ofrecieron una resistencia poco enérgica, tratando en vano de colocarse entre el bote y las cuchillas de los agentes. Uno les salpicó agua, otro lanzó un zapato. Se oyeron gritos de «¡No! ¡No!». Una mujer lloraba.











